Frecuentemente recibimos la consulta de si se puede solicitar el concurso de acreedores con un único acreedor. En principio parece una consulta exótica, ya que del propio concepto se deriva una pluralidad de implicados.

De modo que vamos a analizar si es posible o no solicitar el concurso de acreedores con un único acreedor y, en caso negativo, qué opciones tiene a su disposición el insolvente.

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    El concepto del concurso de acreedores

    La primera acepción de “concurso” en la RAE es “concurrencia”. Se define esta como el conjunto de personas que asisten a un acto o reunión. Por tanto, antes de entrar al campo jurídico podemos suponer que no es posible solicitar el concurso de acreedores con un único acreedor.

    Pero, curiosamente, la duda sigue apareciendo con cierta frecuencia. Y como el lenguaje jurídico no siempre se identifica con el lenguaje natural, deberíamos entrar a analizar la Ley Concursal.

    Esta norma, en su artículo 2.1, determina como presupuesto objetivo del concurso de acreedores la “insolvencia del deudor común”. ¿Qué significa este concepto?

    1. La insolvencia denota la imposibilidad de cumplir regularmente con las obligaciones exigibles actuales o inminentes.
    2. El elemento común determina que no existe un único acreedor, sino varios.

    Por tanto, tampoco el lenguaje jurídico nos permite entender que sea posible el concurso de acreedores con un único acreedor. De hecho, a la hora de abordar esta cuestión, la doctrina suele analizar la Ley y destaca que esta señala la existencia de:

    • Una lista de acreedores ordenada alfabéticamente, lo que denota una pluralidad de acreedores.
    • El llamamiento de sucesivos acreedores si el principal no comparece en la oposición.
    • La elaboración de una lista de acreedores por parte de la administración concursal…

    En definitiva, la Ley está trufada de referencias a una pluralidad de acreedores. Pero ni siquiera es necesario entrar a analizar el contenido literal del texto, ya que la falta de una pluralidad de acreedores atenta de lleno contra la naturaleza del concurso.

    Por qué es impensable el concurso de acreedores con un único acreedor

    Como hemos explicado en otros artículos, el concurso de acreedores se rige bajo el principio par conditio creditorum. Es decir, ante la insolvencia del deudor y la existencia de varios acreedores, se establecen unas reglas especiales de cobro para evitar que solo pueda cobrar el primero que consiga ejecutar el patrimonio del insolvente.

    La característica principal de estas reglas es que las ejecuciones singulares quedan paralizadas. Por tanto, se fuerza a los acreedores a tratar de llegar a un acuerdo con el deudor si quieren cobrar sus créditos.

    De este modo se evita una ejecución ruinosa, así como la imposibilidad de cobro de los acreedores rezagados. Además, se da la oportunidad al deudor de recuperarse económicamente y se revaloriza su patrimonio al permitirse transmisiones de unidades productivas.

    Si no existiera una pluralidad de acreedores todas estas medidas carecerían de sentido. Bastaría con instar la ejecución del patrimonio del deudor, invocando su responsabilidad patrimonial universal (artículo 1911 del Código Civil).

    De hecho, en caso contrario se paralizaría la única vía que el acreedor tiene para recobrar forzosamente sus créditos, que no es otra que la ejecución judicial.

    En definitiva, nuestro ordenamiento jurídico ya dispone de herramientas para lidiar con la insolvencia de un deudor. De modo que no tiene sentido traer a colación una norma cuya particularidad es que articula un sistema de cobro especial ante la concurrencia de acreedores.

    ¿Y qué hay de la segunda oportunidad con un único acreedor?

    La segunda oportunidad suele presentarse como un instrumento concursal, ya que se regula en la misma norma que el concurso de acreedores. De hecho, no deja de ser una particularidad dentro del proceso concursal.

    Sin embargo, su objetivo difiere de la finalidad de los concursos de acreedores. Mientras el concurso tiene el objetivo de garantizar un cobro equitativo como el que hemos explicado, la Ley de Segunda Oportunidad trata de ofrecer a las personas físicas un fresh start.

    Este objetivo abriría las puertas a que la persona natural con un único acreedor sí pueda acogerse al mecanismo de segunda oportunidad. De hecho, el artículo segundo de la Ley 25/2015 determina los presupuestos para iniciar el acuerdo extrajudicial de pagos. Modifica el artículo 231 de la Ley Concursal para señalar que puede iniciar este proceso, literalmente,

    El deudor persona natural que se encuentre en situación de insolvencia con arreglo a lo dispuesto en el artículo 2 de esta Ley , o que prevea que no podrá cumplir regularmente con sus obligaciones”.

    Se presenta, por tanto, una disyuntiva. Es decir, se puede acoger a la segunda oportunidad:

    1. El insolvente que sea deudor común.
    2. O meramente el insolvente.

    Entonces, ¿qué hago si quiebro con un único acreedor?

    Como hemos visto, si eres una persona natural (particular o autónomo) y cumples los requisitos exigidos, no deberías tener problemas para solicitar la segunda oportunidad. De hecho, los tribunales tienden a flexibilizar la interpretación de la norma para admitir la segunda oportunidad de insolventes con un único acreedor.

    Pero si lo que quieres es acogerte al concurso de acreedores, en general, recibirás una negativa y tendrás que soportar la ejecución de tu patrimonio. Algunos Tribunales han admitido que se aplique el procedimiento del concurso de acreedores a estas situaciones. De este modo evitan que el deudor se busque un nuevo acreedor, forzando la entrada en el concurso y perjudicando los derechos de cobro de ambos acreedores.

    Pero recordemos que actuar así se consideraría causa de culpabilidad en caso de entrar en la fase de calificación del concurso. Por tanto, el deudor podría ser inhabilitado o recibir otras sanciones.

    Para evitar esta actuación problemática, parece que las mejores opciones pasan por:

    • Negociar para establecer una reestructuración de la deuda.
    • Lograr un reconocimiento de deuda.
    • Liquidar la sociedad consignando o abonando los créditos.

    En cualquier caso, la singularidad de esta situación hace más que recomendable la contratación de un abogado especialista en Derecho Concursal o en cancelación de deudas. Este profesional podrá indicarte cómo actuar ante la insolvencia frente a un único acreedor.

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